El aula como espacio espiritual: taller de respeto y empatía

Como parte de una educación integral, es fundamental formar a los educandos en temas como la empatía y el respeto, este último aplicable tanto hacia los demás como hacia uno mismo. En nuestro caso, una de nuestras experiencias vividas fue la aplicación de una estrategia de mediación docente en la Escuela las Vegas de Río Abrojo, Dirección Regional Coto, Circuito 10, I semestre 2025, con un grupo de niños de tercer grado. Esta estrategia se desarrolló mediante tres sesiones en las cuales se llevó a cabo un taller participativo enfocado precisamente en el respeto y la empatía.

Podemos considerar el respeto y la empatía como expresiones espirituales que están implícitas en el día a día y que no siempre reciben la atención necesaria por parte de los educadores, hasta que ocurre un incidente que requiere más tiempo para su resolución del que habría tomado inculcar estos valores en los niños desde edades tempranas. Por supuesto, las familias son las primeras llamadas a fomentar el respeto y la empatía, pero la escuela tiene un papel clave en complementarlos y reforzarlos.

La espiritualidad en el contexto educativo va más allá de las definiciones religiosas tradicionales. Según Piedra (2018), “no constituye un sistema de creencias y dogmas acerca del bien o el mal, se trata de una construcción multidireccional y permanente para alcanzar la comprensión de sí mismo, el mundo, la naturaleza y el cosmos”. Durante las sesiones del taller, se observó cómo los niños tomaban conciencia de sí mismos y de sus compañeros a través de la actividad "la telaraña de la amistad", en la que cada estudiante expresaba algo positivo sobre otro compañero. Esta dinámica los hacía reflexionar sobre cómo ellos perciben a los demás y sobre cómo son percibidos ellos. Fomentando la construcción y el descubrimiento de las conexiones significativas entre ellos, en sintonía con la definición de Piedra de espiritualidad.

Gómez et al. (2020) añaden que la espiritualidad es “un elemento inherente a todo ser humano, que no está supeditada necesariamente a una experiencia religiosa”, además de poder “considerarse un sexto factor de la personalidad”. Esta visión se evidencio en el taller, donde los estudiantes, independientemente de sus creencias, culturas y costumbres, pudieron reconocer valores universales como el respeto y la empatía, e identificarlos con vivencias propias de su día a día tanto en la escuela como fuera de ella.

Como se mencionó al inicio la espiritualidad es fundamental en la educación porque trasciende la mera transmisión de conocimientos.

“La importancia de la espiritualidad en las prácticas educativas radica en la referencia al ser esencial interior, de manera que con su desarrollo se logra ampliar el sentido del ‘ser’, la capacidad de discernir... conduce al interés incondicional por todos y por todo, al amor y a la paz” (Piedra Hernández, 2018, pág. 101).

Este principio se manifestó durante el taller, los niños no solo aprendieron definiciones conceptuales y frases como “ponerse en los zapatos de los demás” o “tratar a los demás como te gustaría que te traten”, sino que también visualizaron, analizaron y comentaron cortos animados. En el caso de la empatía ellos mismos exploraron el valor de discernir el estado de ánimo del otro, realizando mímicas donde cada uno representó una emoción distinta, mientras sus compañeros estaban atentos a cada gesto, cada expresión para adivinar esa emoción que estaba siendo representada; tomando conciencia de la necesidad de observar al otro, para poder aplicar la empatía; despertando el interés por el otro por su bienestar.

Gómez et al. (2020) refuerzan esta idea al afirmar que la espiritualidad es hoy un "pilar esencial dentro de la educación superior" y sostienen que "el abordaje de la espiritualidad es imprescindible para la formación integral de los educandos y para la educación superior del siglo XXI". Esta relevancia se manifestó claramente en nuestro taller cuando los niños, al crear su mural colaborativo de compromisos sobre respeto y empatía, mostraron un genuino interés por mejorar la convivencia en el aula, trascendiendo lo meramente académico. Un aula donde se mantiene el respeto durante las clases potencia el aprendizaje.


 

 La ética y la espiritualidad convergen en el terreno educativo de manera natural. En el taller implementado, ambas dimensiones se manifestaron como componentes complementarios de una educación integral. Como señala Piedra (2018), las prácticas educativas desde la espiritualidad son “desarrolladas desde el cuidado, la solidaridad, el diálogo, el amor... propiciando y respetando el pensamiento divergente, la creatividad, la convivencia en respeto y responsabilidad”; después de cada sesión se volvía a conversar sobre lo realizado trayendo a contexto también algunos eventos sucedidos fuera de los talleres.  

El fomentar espacios seguros para la expresión y el diálogo respetuoso, junto con actividades que promueven el reconocimiento del otro y de uno mismo como un ser valioso, digno de respeto y consideración, constituye tanto un principio ético como una manifestación de espiritualidad.

Desde nuestra experiencia implementando el taller de respeto y empatía, confirmamos que la espiritualidad en educación fortalece el desarrollo ético cuando:

·       Se crea un ambiente que permite a los niños expresar sus emociones libremente (como ocurrió en las actividades).

·       Se fomentan prácticas de escucha activa y reconocimiento del otro (como en la actividad "Telaraña de la amistad").

·       Se promueve la reflexión sobre las propias acciones y su impacto en los demás (durante la presentación y la creación del mural de compromisos).

En conclusión, la implementación del taller con estudiantes de tercer grado nos permitió experimentar directamente cómo la dimensión espiritual enriquece la práctica educativa. Como futuros docentes, comprendemos ahora que una educación que integra lo espiritual no solo transmite conocimientos, sino que también forma personas íntegras, capaces de relacionarse desde el respeto y la empatía, lo cual potencia la generación de conocimiento.

Como señala Piedra (2018), sin estos principios "el aprendizaje se reduce a una mecánica sin significado humano". El verdadero reto para nosotros como educadores es crear espacios donde la espiritualidad entendida como cultivo de la interioridad y desarrollo de valores humanos profundos pueda florecer, permitiendo que nuestros estudiantes crezcan no solo en conocimientos, sino también como seres humanos completos.

Referencias bibliográficas:

Gómez Veloz, G., Morales Arencibia, J., & Veitía Acosta, A. (2020). Percepción social de la espiritualidad en estudiantes de carreras pedagógicas. MENDIVE, 559-572.

Piedra Hernández, M. (2018). Espiritualidad y educación en la sociedad. INNOVACIONES EDUCATIVAS, 96-105.

Ulloa Brenes, G., & Piedra Hernández, M. (17 de febrero de 2024). Conversatorio: La labor docente y los ejes éticos y espirituales.  https://www.youtube.com/watch?v=LqcETXI-tT0

 


Comentarios

Entradas populares de este blog

Comunicar no es solo hablar